Aún es siempre todavía
O cómo llenamos el fin de semana de cosas para "cuando tenga tiempo"
Aún no. Todavía no lo he hecho. Y no me refiero a montar en globo, vivir junto al lago Tékapo o comprar discos en Amoeba, que son cosas que tengo en mi lista de Listography. Inocente que era. Cuando tenía 20-25 años me hice esa ‘bucket list’ imposible con una serie de cosas que me gustaría hacer algún día. Por aquello de soñar en grande supongo. También por pura inocencia de la vida o sobre todo por eso.
Pero hoy me refiero a algo más mundano, más cotidiano: Aún no me he puesto a hacer ejercicio de verdad. Algo que todos sabemos que una necesita en esta vida sedentaria y también un poco porque, con la edad, los demás no dejan de repetirte “Es lo que te falta”, “Deberías de…”, “Porque te vas a quedar torcida”. Eso ya lo sé. Y el dolor de espalda que tengo estos días me lo recuerda. Pero el “Te lo dije” nunca ayudó a nadie, solo sirvió para machacarlo y hacerlo sentir aún peor. Y esto me ha hecho pensar en las cosas que no hacemos, aunque sabemos que deberíamos porque nos sentarían bien o, al menos, que nos harían un poquito más felices.
Te propones llevar una vida físicamente más activa, por ejemplo. Empiezas quizás paseando todos los días, estirando, levantando un par de mancuernas… Pero luego los días van pasando, también las semanas, el día a día y sus obligaciones te van comiendo el tiempo y aquello que te propusiste, y hasta empezaste con ciertas ganas, cada vez aparece más desdibujado en tu agenda. Hasta que un día te levantas con dolor de espalda y te ves diciendo “Yo empecé haciendo…”, “Yo antes…”. Aunque debo confesar que mi app de Fitness ya venía avisándome de un cambio de tendencia en mis métricas que debo achacar un poquito también al mal tiempo. Pero la realidad es que a mi espalda le dan igual las excusas. Entonces quizás lo vuelvas a intentar, a ver si esta vez… la vida no arrasa con tus buenas intenciones y en un par de meses has vuelto al punto de partida.
¿Por qué seguimos en este bucle? ¿En qué nos equivocamos? ¿Por qué fallamos? ¿Incluso en aquello que sabemos que nos conviene? Creo que –seguramente entre otras cosas, incluso con explicación científica– lo que ocurre es que queremos hacer demasiadas cosas sin contemplar antes si tendrán de verdad un hueco en nuestra ya de por sí apretada agenda. Por esto mismo fallan también los dichosos propósitos de año nuevo. Yo quería retomar mi perfil de dibujo este año y ahí sigue, inactivo desde septiembre. También estrenar por fin el juego de acuarelas que me regalaron hace unos meses, que en el cajón lo tengo. Y antes de que acabase el 2025 ya tenía nueva libreta para mi Reading Journal, pero aún no lo he empezado. Siempre hay algo más importante, más urgente, más prioritario, que va relegando otras inquietudes, deseos o sueños. Ya tendrás tiempo…
“El fin de semana no es para escapar de la vida que tienes, sino para dedicarlo a la vida que quieres”
Spoiler: Hay cosas para las que puedes no tenerlo nunca si no te lo propones activamente. Si no miras tu agenda de verdad y te planteas dónde encajar eso que tantas ganas tienes de hacer, pero que luego postergas eternamente. ¿Qué estás dispuesta a sacrificar? Mientras tanto, el fin de semana seguirá siendo ese repositorio infinito de “Algún día”. El calendario seguirá corriendo como si nada y en algún momento volverá esa sensación, el deja-vu de que todos los días son iguales, cuando esa monotonía no era lo que tú querías.
¿Cómo salimos de aquí? Seguro que conoces la famosa frase, ¿no? Esa que dice que para conseguir cosas distintas, hay que hacer cosas distintas. Yo voy a empezar por aplicarme mi propio ejercicio de “Tu semana real”. Y si a ti también te aqueja lo que acabo de contar, apunta:
Toma una hoja y un boli o abre tu Google Calendar
Traza cómo es una semana para ti, hora a hora. De forma aproximada, no hace falta precisión de relojero. Hay cosas que son inamovibles, como el tiempo que dedicamos a dormir, a comer o al trabajo si tienes que ir a la oficina y cumplir un horario. Eso es lo primero que tienes que colocar.
Cuando has colocado los inamovibles, ¿qué otras cosas son innegociables para ti? Quizás tienes que pasear al perro, llevar a los niños al colegio o ir al gimnasio. Pues coloca todo eso también.
Entre inamovibles e innegociables, ¿qué tiempo te queda libre? Ahí es donde podrás colocar aquello que llevas dejando para otra vida. Además, podrás plantearte si quieres sacrificar tiempo de inamovibles e innegociables por hacer algo de todo eso que no dejas de postergar.
Dejemos de engañarnos ya con esto de que aún es siempre todavía… ¿Crees que puedes seguir procrastinando tus sueños? Aunque sea algo tan sencillo como volver a dibujar… O precisamente por eso.
📖 ¿Quieres seguir leyendo?
Ya hablé de este ejercicio para saber en qué se te va el tiempo hace unos años. Si quieres aplicarlo con más detalle, lo tienes por aquí.
Feliz semana


