Vacaciones conmigo misma
Hay que ser egoísta de vez en cuando
Me he tomado una semana de vacaciones del trabajo como regalo de cumpleaños. Es verdad que no he podido hacer grandes planes ni ir muy lejos, pero tampoco me he quedado en mi casa día tras día en modo marmota, fusionada con el sofá y mirando al techo. Decidí mantener “citas conmigo misma”. Es lo que Julia Cameron llama “Artist date” en su libro “El camino del artista”. Que yo no soy artista, pero creo que la esencia de esto le sienta bien a todo el mundo.
Cameron define la “artist date” (’cita del artista’) como un bloque de tiempo semanal en el que te comprometes a hacer algo por ti y para ti que te resulte enriquecedor. En solitario; sin amigos, sobrinos, nietos… Un tiempo de calidad contigo mismo en el que tratas a tu yo interior como un niño que tiene sus necesidades. Ese tiempo a solas te puede llevar a entenderte mejor, descubrir ciertas cosas sobre ti que desconocías o despertar nuevas formas de creatividad porque estas “citas” son también una vía para cultivarla.
Yo me fui al museo. Y fue todo un ritual. Elegí una hora tranquila y bajé andando, sin prisa. Media hora de paseo hacia la costa y unos minutos más caminando con vistas al mar hasta el centro de exposiciones. Llegué y, efectivamente, a esa hora no había nadie. Saludé en la recepción, tomé un folleto de la exposición y empecé a recorrer el espacio. Dos plantas amplias, blancas, de paredes más coloridas a veces, según la obra, llenas de cuadros… Alguna fotografía, también una escultura…
Y, como una obra de arte más, ahí estaba: el silencio de los museos. Creo que tenemos que valorarlo más porque me parece curativo. Sólo te acompaña el sonido de tus pasos, tu respiración, tus pensamientos sobre cada obra… Por un segundo me imaginé hasta sentada en el suelo frente a uno de los cuadros que más me gustó.
Salí renovada de la experiencia, en paz, como si hubiera pasado por una sesión de yoga o meditación. Y el camino de vuelta me sentó igual de bien. Con mi música, una sonrisa, el sol de la tarde, el mar asomándose por entre los edificios… Una inyección natural de optimismo y sólo por un ratito a solas en un museo. Es increíble esa sensación de querer hacer algo que te apetece, ir y hacerlo por ti misma, sin esperar por el permiso o la disponibilidad de nadie. O sin tener que escuchar: “Eso es aburrido”, “Tampoco es gran cosa”. ¿Y qué? Es mi plan y es lo que me apetece hacer ahora.
Claro que tampoco me iba a pasar toda la semana en plan solitario. He desayunado con amigos, he ido al cine, salido de tapeo, incluso a donar libros a la biblioteca. También es una gran sensación verte con el día por delante, entero para ti, para hacer lo que te apetezca, los planes que quieras, sin pensar en el trabajo. Que parece una tontería, pero estamos siempre tan conectados, que nunca “nos vamos” del todo de la oficina. Y no nos damos cuenta de lo agotador que es hasta que de verdad te esfuerzas por conectar con toda la vida que hay más allá. El jueves ni siquiera llegué a encender el ordenador en todo el día y no sabes lo bien que me sentó. Aunque no sé si es un logro o triste pensar que nos cueste tanto desconectar.
Otra cosa que he conseguido es que el tiempo pase más despacio. Sí, es verdad eso de que cuando sales de la rutina y haces cosas diferentes, disfrutas del momento fuera de las pantallas, el tiempo parece expandirse. Porque tu cerebro procesa mejor lo que estás viviendo y luego hasta lo recuerdas. Y hablo de un recuerdo que casi se parece a los de antes, de los de verdad, los que podrías recordar y no a esos flashes que vivimos entre like en Instagram y video de TikTok (ya sabes aquello que decía el otro día de que hoy en día no tengo memoria, ¿no?)
Tener una lista con esas pequeñas cosas que quería hacer también me ha servido. No se trata tampoco de programarlo todo, sino de algo más relajado y modesto. Propósitos, quizás; pero para cumplirlos, claro. Un “Quiero ver esta expo, ir al cine, pasar por la biblioteca…” y luego ya vas viendo qué te apetece cada día. Sin presiones ni horarios. El día es tuyo y eso es muy potente.
En fin, que me lo he pasado bien esta semana, así que recomiendo estas “citas con uno mismo”. Siento que he cargado pilas, aunque reconozco que a veces también he tenido que hacer un esfuerzo consciente por no pensar en el trabajo.
Desde aquí propongo que Whatsapp tenga un “Modo Vacaciones” que te bloquée automáticamente los mensajes de la oficina. Una idea que regalo ;)





Me ha encantado la parte sobre todo en la que has hablado del silencio del museo. Es algo que me gusta bastante. ¿Qué te pareció “El camino del artista”?