No tengo memoria
¿A ti también te pasa?
¿Cuánto recuerdas de lo que hiciste la semana pasada? ¿Y cuánto de lo que hacías hace 20 años? El otro día quedé con una amiga a la que conozco desde que teníamos 12 años. Estábamos poniéndonos al día y recordando también viejos tiempos. Como lo intenso que lo vivimos todo con 15-16 años y lo ingenuas que nos vemos ahora desde los casi 40. Pero la cuestión que detuvo por unos segundos la conversación fue darnos cuenta de algo: Teníamos más memoria antes. En concreto: antes de las redes sociales que ahora.
¿A ti también te pasa? ¿O así es como acabas recordando muchos detalles de tu infancia que hasta entonces ni sabías que tenías guardados, pero que recuerdas como si fuera ayer cuando tienes ya 80 años? ¿Es la edad o hay algo más?
Pues desgraciadamente hay algo más y no es la edad o un principio de alzheimer generalizado. Si teníamos más memoria antes es precisamente porque entonces no había redes sociales ni smartphone. Ahora llevamos un superdispositivo siempre al alcance de nuestras manos, pero resulta que cuanto más documentamos nuestro día a día con nuestro teléfono, peor se nos da recordar después todo lo que hemos vivido.
A lo largo del día, nuestro cerebro va registrando lo que vemos y experimentamos y luego envía toda esa información al hipocampo, que decide si merece la pena archivarla, según nuestra respuesta emocional. El problema está en que cuando nos concentramos en sacar la mejor foto de nuestro plato para instagram, estamos interrumpiendo a nuestro cerebro: no le dejamos crear el recuerdo y retener la información relevante porque estamos rompiendo la conexión emocional con el momento que es lo que luego necesita nuestro hipocampo para archivar ese recuerdo. ¿Me explico? Esto lo dice el neurocientífico James L. McGaugh, no yo. No me he sacado un título nuevo durante el mes de agosto que he estado ausente por aquí.
Dicho de otra manera: concentrarnos en hacer la foto, en lugar de estar viviendo el momento, daña nuestra memoria porque nos abstraemos de lo que estamos viviendo, nuestra experiencia es menos profunda y el cerebro no la registra como antes “de las redes sociales”. De esto también hay un estudio llamado “Forget in a flash” (algo así como “Olvidar en un flash” o en un parpadeo)
Hay otros que culpan al Efecto Google porque confiamos en el gran buscador para encontrar todo lo que a nosotros se nos olvide, así que no nos tenemos que esforzar, y al FOMO, el miedo a perderte algo si te desconectas de la red. Si a esto le sumamos que la adicción que crean las redes sociales altera nuestra percepción del tiempo, no te extrañes de que hace 4 días nos estuviésemos comiendo las uvas de fin de año y ahora… ¡Feliz septiembre! Y todavía podría añadir aquello que contaba algunas newsletter atrás de que nuestra capacidad de atención es ya tan reducida como la memoria de un pez de colores. ¡Estamos involucionando!
A mi siempre me ha llamado la atención el funcionamiento de la memoria, cómo recordamos y esos recuerdos se van desvirtuando con el tiempo o cómo a veces estamos convencidos de haber estado presentes en algo o haber vivido un acontecimiento de tal manera y la otra persona te lo contará de otra forma. Sí, nuestra memoria no es perfecta, pero las redes es que se la están cargando.
Yo estoy intentando hacer trabajar un poquito a la mía. Como ahora la gestión de mis tareas, proyectos y demás la llevo en digital con Notion, he convertido mi Bullet en un diario. Todavía mantengo un registro de tareas semanal, sí, pero el día a día está reservado para contarle a mi cuaderno qué he hecho hoy y a obligar a mi memoria a repasar el día. Dentro de mi rutina de fin de jornada tengo mi ratito de sentarme, abrir mi cuaderno, pillar un boli… El acto de escribir a mano ya es mucho.
Si tú también quieres intentarlo, definitivamente te lo recomiendo. No hace falta que te pongas en plan “Querido diario”, ni que te sientes a escribir un libro. Sólo unas líneas, o lo que te salga, sobre lo que has hecho en el día, si te ha pasado algo especial que quieras recordar, has empezado nueva lectura, cocinado algo rico… Tampoco necesitas una letra perfecta, es algo que se queda para ti, y seguro que te irás soltando poco a poco.
¿Hacia dónde voy con todo esto? Simplemente quiero aprovechar este “volver a empezar” para animarte a estar presente, a crear recuerdos en tu cabeza antes que en tu teléfono y a disfrutar el momento. Estamos a las puertas del último trimestre del año, ¿sabes ya lo que harás para recordarlo?




