Sólo sé que no sé nada
O cómo de repente echo de menos el colegio
No sé a qué juegan hoy los más jóvenes en el patio, si es que el móvil no les ha robado toda la atención incluso en el recreo. Si aún hay populares, empollones y repetidores en clase. Tampoco cuáles son las modas, cómo se visten, qué ven o qué escuchan. ¿Aún se amenaza con partes y se castiga con la expulsión? ¿Se sientan los más guays al final del autobús en las excursiones? No sé si yo sobreviviría hoy en un instituto, pero me he encontrado recordando a profesores, compañeros, asignaturas que me gustaban y otras que no tanto, las excursiones con sus anécdotas, las escapadas cuando no debíamos con la excusa de tomar el sol y comernos un buen bocata… Todo lo bueno, que es lo que suele recordar la nostalgia. Estaba revisando viejas cajas y parece que al destapar una… la memoria se fue corriendo detrás.
Es curioso, pero tengo la sensación de recordar muy poco de todo lo que te enseñan en esos años. “Sólo sé que no sé nada”, que diría Sócrates (o Platón sobre Sócrates?). Muchos salíamos de la carrera con la misma impresión. ¿Se supone que ya estoy preparada para enfrentarme al mundo? Quizás ese sea un contexto muy grande y de nuestra inseguridad y miedo surja la necesidad de reconocer lo ignorantes que somos.
La Lengua se me daba bien y es algo con lo que convivo y trabajo a diario, así que aún me acompaña. Pero también me encantaban el Latín o el Griego y, si acaso, creo que lo único que te podría escribir sería su abecedario. Aunque luego alguna extraña magia hace que me sea imposible olvidar la letra de “Moi, Lolita” de Alizee con la que aprendíamos pronunciación en Francés. Bueno, en este caso la magia la conozco: se llama “ear worm” y tiene más que ver con la estructura musical que con el temario de la asignatura. Así que, por el bien de tu salud mental, no voy a enlazar la cancioncita.
Es cierto que no echo de menos la formulación química, pero también que me gustaría recordar algo más de genética o de biología en general. También de Geografía e Historia, donde mi profesor se afanaba por convertir las idas y venidas de reyes y sus épicas batallas en historias que nos interesaran, que nos engancharan como telenovelas. De Filosofía siempre recordaré con cariño a Descartes porque me salvó la Selectividad y de Tecnología… pues es que, aún hoy, no sé muy bien qué quería enseñarnos aquella asignatura, pero todavía tengo pesadillas con la segueta. La segueta, sí, esa especie de sierra a la que le tenías que colocar unos frágiles pelitos dentados si querías cortar el chapón con el que esperabas construir tu casita con su circuito de luz y timbre por dentro. Cada uno con sus traumas escolares, ¿vale? Déjame el tuyo en comentarios.
Confío en que mucho de todo eso, que para mi parece olvidado, esté almacenado en alguna parte a la que mi cerebro sepa cómo acceder cuando sea necesario. Ya sea por cultura general o por pura supervivencia. Puede compartir espacio con todo lo que recuerdo de forma automática sobre Los Simpsons. Que supongo que es el mismo lugar en el que guardamos nuestro DNI y número de teléfono. Y el de mi madre, que siempre parece que no me lo sé, pero ahí está mi cerebro al rescate.
En fin, que me voy por las ramas y tú hará al menos un par de párrafos que te estarás preguntando a qué viene este ataque de “Ay, cómo echo de menos el cole”. Un poco sí, porque era más joven, tenía el mundo por delante y, como se suele decir, era feliz y no sabía cuánto. No sé si más que ahora y esto de los adultos es simplemente una felicidad diferente, pero eso ya lo vemos otro día. La cuestión es que me he dado cuenta de que echo de menos aprender. Sí, la Universidad la haces de forma voluntaria, como la formación con la que decides complementar tu carrera. Pero es que ahora no tengo que demostrar nada, ni sacar nota ni sumar para mi curriculum. Y eso, de repente, te da una libertad… distinta. Puedo aprender lo que quiera y hacerlo cómo quiera. Además, tengo todo Internet a mi disposición. Aunque, visto cómo están las cosas por la web, quizás eso ya no sea del todo bueno…
Hay una tendencia en redes que sí que me parece buena y que aún sobrevive sin haberse devorado a sí misma como le ha ocurrido a todo esto de “El año de lo analógico”. Estoy hablando del “Personal Curriculum” (CNN), tendencia que surgió el pasado septiembre impulsada por la motivación del “volver a empezar”, la vuelta al cole, etc. De TikTok, donde se hizo viral, saltó a otras redes y, a día de hoy, todavía hay quien te cuenta en Youtube qué está estudiando y cómo está siendo su progreso.
Pero, ¿qué es esto del “Personal Curriculum”? Como es muy posible que no compartamos algoritmo, aquí te lo cuento: Se trata de diseñar tu propio “plan de estudios” según aquello que te interese aprender. Es autodidacta, cada uno decide qué aprender y cómo hacerlo: Si quiere recurrir a libros, vídeos, podcast…, llevar un calendario o no, ponerse a prueba. Lo más importante es que te mueva la curiosidad porque la clave del “Personal Curriculum” es recuperar el placer por aprender y, de paso, combatir el “brain rot” o fatiga mental que nos provocan las redes sociales. Y yo, no sé por qué, siento que esto es justamente lo que necesito: alimentar mi curiosidad a base de centrar mi atención en algo que me interese sin ninguna intención productiva.
Aprender algo nuevo
Además, aprender algo nuevo siempre es beneficioso para nuestra salud emocional, física y mental. Ahí está la ciencia para demostrarlo. Dedicarnos a aprender una habilidad, como puede ser tejer (sí, parece que le tengo manía), hace que practiquemos la atención plena, hasta que entramos en ese estado de “flow” o “flujo cerebral”, que es donde aparece la creatividad. Los expertos dicen que este estado de “flujo cerebral” tiene casi los mismos efectos que la meditación, reduce nuestro estrés, nos relaja. Pero además, cuando practicamos algo con lo que disfrutamos, nuestro cerebro libera dopamina, nuestro neurotransmisor favorito.
Si lo que decides aprender es un nuevo idioma, fiesta para tus neuronas: “Navegar entre diferentes sonidos, palabras, conceptos y normas sociales y gramaticales aumenta el flujo sanguíneo y las conexiones por todo el cerebro. Hay estudios que demuestran que, de hecho, cambia tu cerebro, incrementando el número de células nerviosas y las conexiones entre ellas” ([BBC.com](
Elijas la actividad que elijas, si se trata de una habilidad que no has hecho antes y la practicas durante al menos tres meses, ahí entra en juego la neuroplasticidad, la capacidad de nuestro cerebro para modificar su estructura, crear nuevas conexiones neuronales, activar las que estaban dormidas y fortalecer sus conexiones. Esta plasticidad es mucho más alta en los niños que tienen por delante un mundo nuevo que descubrir; los adultos, en cambio, nos vamos “desconectando” de esas conexiones que no nos son útiles.
Si crees que estás perdiendo neuronas, como me pasa a mi que me asalta este sentimiento de “echo de menos aprender”, mantener una mente activa te acerca un pasito más a la neurogénesis o la regeneración de neuronas. Así que creo que voy a empezar a diseñar ya mi “Personal Curriculum”. Me interesa la Historia del Arte, la Literatura, la Escritura, el Diseño, la Filosofía, los procesos creativos, las finanzas personales… Creo que voy a necesitar, mínimo, una carrera de cuatro años para dedicarme a todo lo que me gustaría… Eso sí, lo primero que me hace falta es… una libreta nueva! ;)
Por cierto, ya hablé en su día de la plasticidad cerebral en mi vida antes de Substack


Me gustó mucho tu artículo y lo agradezco de corazón.
Le has puesto nombre a cuestiones que empecé a recuperar luego de jubilarme. Porque, claro, lo primero que volví a tener es ...tiempo!
Ejemplo: buscaba el único libro de poemas de una científica uruguaya (María Isabel Ardao).
En la Feria de Tristán Narvaja recorrí librerías "de viejos". En una de ellas doy con un Profe de Geografía devenido librero, editor, investigador, etc.
Aunque no tiene ese libro, en diez minutos de charla ya me había contado las historias de otras mujeres que me resultaban desconocidas.
Así que ahora disfruto las poesías de Susana Soca, por nombrarte una. Fue una precursora en muchos sentidos y murió trágicamente.
Resumen: fui una enseñante responsable, ahora vuelvo a ser una feliz aprendiente.
Te mando un abrazo!