El refugio de leer
O mi imperfecta historia de amor con los libros
“Eso es precisamente lo que solemos olvidar cuando hablamos de literatura y de arte. Los vemos, a la literatura y al arte, como adornos o como si describieran nuestra vida cuando en realidad la crean”.
Podríamos pulir ese calificativo de “adorno” que le aplica aquí Kallifatides a la literatura y actualizarlo. Para muchos, leer es una tendencia, una actitud performativa con la que considerarte de moda y llamar la atención sobre lo “cool” que eres. Seguro que conoces de sobra la frase del momento en el “bookverso online”: “La gente no quiere leer, quiere haber leído”. Para otros es una competición en la que gana quien alcance el número más alto de lecturas; una práctica que tiene tantos partidarios, porque el recuento les motiva, como detractores, que no entienden qué sentido tiene un reto de lectura si no es el de presumir mientras se fomenta el puro consumismo. También están los puristas, esos que esgrimen el argumento de “la literatura de verdad” en cualquier ocasión porque no puedes considerarte lector si has leído 50 libros y no has sacado nada de provecho, y menos aún si no has leído los grandes clásicos. Y luego están los que directamente piensan que leer no te hace mejor y prefieren seguir en la ignorancia.
¿Me he dejado algo? Sí: Querido “bookverso”, déjame leer en paz. Gracias
Quiero leer los libros que me de la gana. Novedades, “fast-publishing”, títulos que no conozca ni Dios, clásicos o alta literatura. Y contar cuántos leo si me apetece. Yo los cuento, estoy en el bando de los que se motivan con ello. Aunque hace años que mantengo el famoso reto de Goodreads fijo en los 45 libros al año. Unas veces lo cumplo, otras no o puede que, por el contrario, hasta lo supere. Pero tampoco me siento superior por ello porque no se trata de presumir ante nadie, sino de un reto personal conmigo misma. Soy de esas personas que quiere leerlo todo y todo ya. Tengo esa ansiedad de que la vida no me va a dar para leer todo lo que me gustaría, así que siempre quiero leer más. Llámalo “gula lectora”, yo qué sé… El año pasado alcancé mi reto en julio. ¿Crees que dejé de leer entonces?
Para diciembre había llegado a los 75 libros. “Pero entonces no trabajas, no tienes obligaciones ni vida social porque no se puede leer tanto”. Señor, suélteme el brazo. Tengo trabajo, una casa con obligaciones, un perrito al que pasear y cepillar todos los días –entre otras muchas cosas–, amigas con las que salir aunque sea poco, una newsletter que enviar todas las semanas y además gestiono una “fanpage” con sus redes en las que crear contenido, su newsletter, su podcast y su comunidad de seguidores. Y leo todos los días, o casi, aunque sean sólo 15 minutos antes de caer dormida. El secreto, que en realidad no tiene ningún misterio, es incorporar la lectura a tu rutina. No necesitas un maratón de 1 ó 2 horas diarias: sólo se trata de sacar ratitos a lo largo del día. Mientras te tomas el café de la mañana, después de comer, antes de dormir… De hecho, a mi me resulta más fácil leer entre semana, donde los días tienen su horario marcado por las obligaciones, porque los fines de semana me dedico a otras cosas.
Algo que me ha hecho especialmente feliz este último año, casi tanto como todo lo que he leído, ha sido completar mi Reading Journal o cuaderno de lecturas. Intenté llevar uno en 2020, durante la pandemia. Mientras todo el mundo se dedicaba a hacer pan, yo pensaba que tendría tiempo para leer más, aunque luego no tardé en reincorporarme al trabajo. Así que, con el correr de los meses, lo fui dejando. Tampoco me funcionaba tal y como había previsto usarlo, que era tenerlo a mano mientras leía para ir anotando. No era factible. Leo varios libros a la vez, así que no supe cómo gestionar el espacio para tomar notas entre una lectura y otra.
¿Cómo lo he solucionado? Combinando papel y digital. La magia de Notion y la cámara de mi smartphone. Porque además hay un detalle que condiciona mi forma de anotar los libros: leo mucho de la biblioteca, así que no puedo marcarlos porque luego tengo que devolverlos. Por eso, cuando me siento a leer y llego a un pasaje que me gusta, le coloco un marcapáginas o un trocito de papel (suelo usar serpentinas de colores); pongo un post-it si tengo algo que escribir; y otras veces, directamente, le hago una foto a la página. Ya en otro momento, o cuando termine el libro, paso esos pasajes favoritos, fotos y notas a Notion y luego plasmo mi primera impresión en el Reading Journal. Así que a mi no vale ese otro argumento taaaan repetido que siempre te suelta alguien cuando lees mucho: “No te acordarás de nada”. Pruebe a practicar un poquito de lectura activa, señor.




Y si estás preguntando por qué hago todo esto con algo que debería ser una afición que se practica por gusto… Tú lo has dicho: porque me gusta. Hay libros que son puro entretenimiento y en los que no anoto nada. Pero hay otros en los que me nace de forma natural apuntarme una frase porque me gusta cómo está expresada, cómo dice lo que dice… Me gusta escribir, soy periodista, no puedo evitar prestar atención a cómo escriben los demás, cómo se cuentan las historias o se plasman conceptos universales, como el amor, el arte, la amistad, la vida… Quizás luego me encuentre atesorando una colección interesante de frases sobre un tema en concreto, de ahí salga un texto y ese texto acabe en una de estas cartas (o se quede floreciendo en mi Jardín Digital).
Siempre quise ser Matilda
Este 2026, mi reto lector vuelve a estar en los 45 libros. Ya he leído 5 en enero y este febrero espero leer mucho gracias a “Little February”, una iniciativa que te invita a leer libros cortos en el mes más corto del año. En marzo se celebrará el “Marzo Asiático” para animarte a leer literatura asiática; y abril será el mes de los libros sobre libros, una de mis premisas favoritas. Puede parecer agobiante, pero no es obligatorio hacer nada de esto. Simplemente son retos que, en mi caso, me motivan a leer más, a salir de mi zona de confort, buscar nuevas lecturas que encajen con una premisa u otra… A que la lectura se convierta en una afición activa e incluso se pueda compartir con los demás.
Soy lo que se llama “mood reader”, es decir, leo lo que me apetece en cada momento, así que no sirvo para hacerme una lista de lecturas y seguirla a rajatabla. Porque, si termino un libro y no me apetece el siguiente de esa lista, soy incapaz de obligarme a leerlo. ¿Entonces estos retos de lectura me constriñen? No exactamente. Cuando me hago una lista, suele ser amplia, que no significa que vaya a leer todos esos títulos, es que necesito tener opciones para elegir según me apetezca.
Ahora me he hecho una de clásicos. Creo que ya tengo una edad inexcusable para atreverme a leer esos grandes títulos de la literatura que de niña me daban pereza y luego con 20 años me imponían demasiado. Además, siempre he oído eso de que la madurez te da perspectiva y me encantaría comprobarlo. Con “El Gran Gatsby” de Fitzgerald, “Los crisantemos” de Steinbeck, “La muerte de Ivan Illich” de Tolstoi, “Walden” de Thoreau, “La muerte del corazón” de Bowen o “La Solterona” de Edith Wharton que nunca los he leído. Y volver a títulos de Austen o Bronte que leí hace tanto tiempo que ni siquiera había redes sociales.
También me gustaría leer algún libro en inglés, una práctica que me ayuda a mantener el idioma, sobre todo a través de la no-ficción o de la romántica contemporánea. Abrió la veda “The seven husbands of Evelyn Hugo” en 2018 y ya no he podido parar. De Emily Henry me los he leído casi todos en inglés, salvo uno y el último que lo abandoné. Más mundana es mi intención de terminar sagas, como “El descubrimiento de las brujas” de Deborah Harkness, o avanzar con las que he empezado, como la “Trilogía del Vatídico” de Robin Hobb. Y no quiero olvidarme de la novela gráfica, que hay que aprovechar que la biblioteca local tiene comicteca. Llevo tiempo detrás de “Una casa en la ciudad” de Ilu Ros, pero está muy solicitada.
Sí, ya he dicho que leo de la biblioteca, ¿no? Mucho. De mis 75 libros de 2025, 34 salieron de la biblioteca. Es parte del ritual: bichear el catálogo para ver mis opciones, el paseo para hacerme con ese libro que he fichado, cruzarme con otro que no tenía contemplado pero me pone ojitos, volver con un par y, 15 días después, repetimos. Si no sabes por dónde empezar a crear el hábito de leer, tener una fecha de devolución puede servirte de aliciente. Eso y empezar con libros cortitos sobre temas que te interesen de verdad. No necesitas influencers o intelectuales que te digan qué leer y cómo hacerlo. Tampoco tienes que imponerte un reto o leerte 10 libros cada mes. O sí, siempre que sea eso lo que quieres. La realidad es que sólo tienes que preguntarte qué quieres tú y empezar.
Así es como la lectura se ha convertido para mi en un refugio. Más aún en estos tiempos en los que la realidad es toda una distopía de la que, por el bien de mi ansiedad, a veces es mejor escapar. Pero confieso que no siempre fue una relación tan intensa. Es verdad que siempre me gustó leer, pero nunca encajé en el retrato de niña de 7 años que encuentra más amigos entre las páginas que en el patio del colegio. Me encantaría retratarme como una pequeña Matilda, pero no sería real. Sí, de pequeña, mi madre me leía cuentos, mi abuelo me contaba historias y mi tía me surtía de libros, pero leía de vez en cuando y, sobre todo, en verano. En el instituto sólo te importaban los amigos y conseguir buena nota para la Universidad y en la facultad sólo tenía tiempo para las lecturas recomendadas. Luego emprendí y, bueno, el cerebro de un emprendedor piensa 24 horas en su proyecto y poco en literatura.
Lo importante es que los libros siempre han estado ahí para mi. Cuando los he querido más y también cuando los he querido menos o ni siquiera me he acordado de ellos. Así que nunca es tarde. Sólo tienes que empezar.
Si quieres seguir leyendo…
· Mis favoritos de enero, entre ellos, tres libros
· Libros, libros y más libros: mi balance lector de mitad de año (2025)
· Libros, libros everywhere: sobre libros, librerías y escribir
· Somos fantasía
· La vuelta al mundo en librerías (de cuando aún escribía con Mailchimp)







Amén a todo, hermana. Te ha quedado una entrada estupenda sobre libros y lectura.