Felices no vacaciones
O mi forma de activar el "Out of office"
Felices vacaciones! Yo aún no las he tenido, pero a este Jardín Interior se las voy a dar ya. Normalmente esta newsletter entra en modo avión en el mes de agosto, pero ahora mismo Andalucía atraviesa su tercera ola de calor, esta se anuncia como la más intensa y también extensa –20 días– y así yo no soy persona… Cuando no se me derriten las neuronas, me da la flojera o ataca la migraña. Total, que voy a activar el “Out of office” antes de lo previsto.
Eso sí, este año me voy a permitir dejar la puerta entreabierta por si en estas semanas me asaltase la inspiración y me apeteciera, de repente, volver y contarte algo. Y, como creo que se puede intuir por esta descripción, será totalmente improvisado, por lo tanto, sin fecha ni hora concretas. ¡Sorpresa! Veremos qué tal funciona mi cabeza sin presión alguna. Pero tampoco quiero marcharme así sin más…
Déjame ejercer de “friendly reminder”.
El verano es una promesa de posibilidad infinita y eso dispara nuestra imaginación que rápidamente nos visualiza viviendo la vida como en un anuncio de Estrella Damm. Pero todos sabemos lo que ocurre después con las expectativas, ¿verdad? Es mejor no tener ninguna y dedicarse a disfrutar. Por eso, disfruta, en presente, y hazlo a tu manera. Sin necesidad de posados perfectos, de rincones instagrameables ni de retransmitir cada paso. ¿Sabes eso de “Baila como si nadie te estuviera mirando”? Pues con esa libertad de “este momento es mío y sólo para mi”, lánzate a la pista.
Lee un ratito durante las calurosas siestas de domingo. Te podría recomendar “Vestida de corto” de Marie Gauthier, que explora el despertar del deseo en pleno verano. También mi lectura actual, “Erietta” de Clara Pastor, que acompaña a una mujer a la isla griega en la que solía veranear con su marido, buscando ahora resignificar el lugar y hacerlo suyo tras separarse. Y mi tercera recomendación ya no es estacional, pero es maravillosa para cualquier época del año: “La boca llena de trigo” de Mayte Gómez Molina, que se atreve a abordar la presión de las expectativas, lo engañoso del éxito o el síndrome del impostor a través de una joven pintora a la que le han hecho un gran encargo. Ya hablaremos más de él a la vuelta…
Si te va más el audiovisual, pégate un buen maratón de esa serie para la que nunca tienes tiempo. A mi me encantan las series de época. Ahora estoy viendo “Love Story: JFK Junior y Carolyn Bessette”. Pero he pasado varios fines de semana encadenando episodios casi sin parar de “Off Campus”, “Todos nuestros años” y “Maxton Hall”. Son las típicas series adolescentes cuya publicidad te persigue por todas partes y al final caí. Está genial abandonarse de vez en cuando a ese enganche de telenovela y, en mi caso, descubrir también cómo son ahora las relaciones entre los más jóvenes, que he encontrado detalles que me han llamado la atención positivamente.
¿Te apetece más un documental en serie? Yo estoy disfrutando mucho de Jason Momoa en “On the Roam”: Ocho episodios en los que alaba el trabajo artesano y presume de amigos con mucho arte, desde fotógrafos hasta diseñadores de joyas llamativas o forjadores de cuchillos. Su amor por lo vintage y su curiosidad por todo me parecen muy inspiradoras. “Esta es mi pasión y podría continuarla en cualquier lugar. No sé si habrá segunda temporada, pero yo seguiré viajando, conociendo gente y descubriendo lo que hacen”.
Escucha esa canción, ese disco o ese artista que te hace feliz. A mi ahora me acompaña la banda sonora de “Cowboy Bebop” (anime de los 90 que luego adaptó Netflix) que está firmada por los SeatBelts, una banda japonesa de jazz y blues dirigida por Yoko Kanno, famosa compositora nipona que tiene en su discografía algunas de mis bandas sonoras favoritas, la de “Vision of Escaflowne”. También estoy recurriendo mucho a mi playlist “Cuando yo era joven… todo esto era campo”, sobre todo cuando me quedo solita en la oficina y empiezo con la parte más mecánica de mi trabajo. Si naciste en los 80, como yo, y te criaste en los 90-2000, quizá sientas la misma nostalgia que yo al escucharla. Un sentimiento que también va muy aparejado con el verano ahora que somos adultos.
Si te va la marcha, lo tuyo son los festivales. Yo ya me conformo con un concierto al aire libre. Por aquí suele haber un ciclo de jazz que invita a hacer picnic. El año pasado fue toda una experiencia y este, si las vacaciones me cuadrasen, me encantaría repetir. ¿Qué hay en tu ciudad?
Tampoco pueden faltar los planes. Aprovecha en tu favor esa necesidad de romper con la rutina que nos despierta esta estación. No pido nada elaborado que requiera de un gran desembolso y un milimetrado itinerario que te obligue a levantarte a las 5 de la mañana un sábado. Ni mucho menos que ocupes cada segundo de tu tiempo. Simplemente, sal a tomar algo después del trabajo o plantéate seriamente esa reunión de amigas que vuestras agendas llevan posponiendo para el “ya quedaremos” que luego nunca llega. ¿Has visitado algún museo últimamente? ¿Has pasado una noche mirando las estrellas? ¿Te has desviado de tu ruta habitual por el gusto de perderte? No hace falta mucho para que tu día habitual rompa un poquito el molde.
Y, por supuesto, este es el momento de hartarse de melón o sandía. De hacer helado a base de meter yogur en el congelador y de robar higos. De probar esas recetas fáciles que acumulas durante todo el año en los guardados de Instagram. De intentar aprender también algo nuevo cada día, de mirar lo que te rodea con ojos curiosos. De atreverte a decir que sí a eso a lo que normalmente te negarías. De plasmar en un cuaderno ese día que no parecía especial pero terminó siéndolo. De imprimir algunas de las miles de fotos que guardas en tu galería y de las que luego ni te acuerdas, por el placer de tenerlas, de tocarlas. Porque las pequeñas cosas pueden hacer un gran verano.
Sea lo que sea, aunque te parezca poco, aunque creas que no tiene nada de especial, hazlo. O no hagas nada por elección propia y sin remordimientos. Que nos conocemos… No dejes que luego llegue septiembre y te pille pensando “se me ha pasado el verano… y en nada estaremos en Navidad”. Ese complejo de conejo blanco nos está matando.
Recuerda: Tú, disfruta. En presente.
Nos leemos en septiembre.


