"Con cariño, Rosie"
O la acertada reflexión sobre la madurez de Nuala O'Faolain
He descubierto que soy ya toda una señora de más de 50, a pesar de que en realidad estoy arrellanándome todavía en los 41. ¿Qué ha pasado? ¿De repente han empezado los sofocos? ¿Me he lesionado la cadera? Nop. Aunque es cierto que hace unos días quedé con mi mejor amiga para nuestro tradicional desayuno y la conversación basculó entre nuestros planes para la FreakCon y la experiencia de tu primera endoscopia, las cosas que ya no puedes comer porque te sientan mal o las que empiezan a doler.
Lo que ha pasado es que he leído un libro: “Con cariño, Rosie” de Nuala O’Faolain (Hoja de Lata, 2022), una encantadora novela sobre un grupo de mujeres maduras que salen adelante en la Irlanda rural. Rosie es el centro de esta historia, una mujer de 55 años que se ha pasado la vida viajando, desempeñando diferentes trabajos por todo el mundo. Hasta que un día la llaman sus amigas diciendo que su tía Min se la pasa de la cama al pub y del pub a la cama, que no la ven bien. Así que Rosie decide volver a casa. Este regreso significa reencontrarse con amigas y ver la vida que han decidido llevar al quedarse en el pueblo; volver a ver a conocidos de toda la vida y cómo les ha afectado el paso del tiempo; reconocerse en viejos lugares y aceptar que han cambiado…
Pero, sobre todo, lo que Rosie empieza a cuestionarse es si esto es lo que le espera a una mujer cuando ya tiene más de 50. ¿Esto es envejecer? ¿Y por qué nadie habla de ello? De los dolores, los olvidos o de si debería quitarse los pelitos blancos de las cejas. Rosie cree que hay que hacer algo al respecto y se le ocurre escribir un libro para aconsejar a la gente sobre cómo avanzar por la vida: “Las reglas de Rosie Barry para la mitad del viaje”. Le plantea la idea a su viejo amigo Markey, que vive en Seattle, y este le consigue una oportunidad editorial. Rosie se planta entonces con su tía Min en Nueva York y aquí es donde ambas comenzarán una aventura en la que se invertirán los papeles: Min empezará a descubrir el mundo, mientras que Rosie tendrá que encontrar su lugar en casa.
Así, a lo largo de la novela, Rosie va confrontando su día a día de nuevo en el pueblo con las experiencias que ha vivido viajando de acá para allá. El miedo que no tenía a los 25 años con las dudas que tiene ahora con 55. El sentimiento de comerte el mundo y saber que gustas en tu juventud con los parroquianos del bar local que ya apenas levantan la vista cuando entras por la puerta. Cómo han cambiado las relaciones en lo romántico y en lo sexual. El vértigo de perder a tus padres y cómo entonces pasas tú a ocupar la plataforma de salida de la vida… sin hijos detrás. La renuncia a tantas cosas por la libertad de perseguir la maravilla. Y cómo ahora tu mundo parece haberse reducido.
“–Vente al gimnasio conmigo. Para entrenar el equilibrio. Es lo que te hace falta ahora. Da igual cuál sea el sentido de la vida, tenemos que aprender a no caernos para no rompernos la cadera”.
Por supuesto, en la mente de Rosie también hay espacio para recordar su infancia, pensar en sus padres, en su tía y descubrir secretos familiares e incluso iniciar nuevos proyectos. Y, entre unas cosas y otras, no deja de intercambiar emails con Markey, a quien envía sus reflexiones sobre la vida, el amor, los amigos o la comida, para ese futuro libro pensado para quienes ya no son jóvenes, pero tampoco unos ancianos. Un tapiz maravilloso sobre transitar la madurez, y hacerlo con amigas, a través de la irónica voz de una protagonista que te convierte en su confidente durante la lectura.

Una lectura que creo que tiene mucho de su autora. Resulta que O’Faolain (1940-2008) es una de las grandes voces de las letras irlandesas contemporáneas. Productora, periodista y escritora feminista, se atrevió a hablar de divorcio, sexualidad o aborto en plenos años 80 desde su columna en The Irish Time. Hasta ganó un premio por la producción y dirección de una serie centrada en las vidas de un grupo de mujeres mayores. Pero fue “Are you somebody” (1996), su libro de memorias (”Almost there” fue su segunda parte), el que le dio reconocimiento internacional, por retratar el conservadurismo irlandés a través de su historia familiar.
Fue la segunda hija de nueve hermanos, con un padre mujeriego y una madre alcohólica, que luchaba por la realización profesional, social y personal, pero que, a pesar del éxito, a sus 50 años se encontraba llena de dudas, vacía y sola. Además, O’Faolain creció en una sociedad que esperaba que se casase, cosa que nunca hizo, y que no le permitía estar informada sobre su propio cuerpo. Así que se pasó la vida escribiendo sobre ello: el sexismo, la misoginia, los roles de género o, como en este caso, la invisibilización de la mujer a partir de cierta edad.
¿Por qué me identifico con O’Faolain y su Rosie, cuando aún me quedan 15 años para llegar a esa “mediana edad”? Porque el origen de esas dudas, miedos e inseguridades que asedian a Rosie creo que está precisamente en la edad que tengo ahora, los 40. Este es el punto en el que todo empieza casi de forma imperceptible a cambiar. Ante cada pequeña señal de degradación no sabes si preocuparte por estar incubando una nueva enfermedad o prepararte para lo que pueda venir porque las hormonas te la están empezando a jugar. Y como además la salud femenina es lo que menos se investiga, achacando nuestras dolencias a ansiedad o despachándonos con un “aún eres joven para eso”, el abismo de dudas, miedos e inseguridades que se abre ante nosotras es aún mayor.
“Y no hacía mucho tiempo, estando yo arriba en mi habitación, había oído a Reeny decir: <<He ido a misa con Monty esta mañana a la iglesia de Fairview, Min, y allí solo hay dos escalones, mientras que en la de Kilbride hay Dios sabe cuántos>>. <<Sí. Y en el autobús se llega en nada>>, le respondió Min. Y ya está. Un acuerdo hecho para lidiar con sus cuerpos que envejecían. Sin decir “edad” ni decir “cuerpo”. Me había sentido como una extraterrestre escuchándolas. ¿Por qué mi cuerpo me dominaba tanto? ¿Por qué a otras mujeres no?”
Y eso si sólo hablamos de salud, porque nuestra vida está compuesta de muchas más cosas. Y Rosie aquí plantea una cuestión interesante: ¿Cómo reconcilias la persona que fuiste con la que eres ahora? ¿Cómo enfrentarte a una sociedad que te llama “señora” cuando aún te sientes una chica? ¿Cómo aceptar la idea de que, si una persona nueva aparece en tu vida, no conocerá todas aquellas versiones de ti que fuiste antes? Aquellas que, no sólo eran más jóvenes, también te parecían más atrevidas, divertidas e interesantes que esta mujer en la que te has convertido.
Pues la verdad es que no lo sé, no tengo respuestas. Su pragmática amiga Peg le dice a Rosie que deje de preocuparse tanto por todo: “Piensas igual que la gente de los libros, pero la mayoría de la gente no es así. No sé por qué estamos en el mundo, y casi nadie lo sabe, y eso no nos perturba”.
Menos mal que yo también tengo una amiga estupenda que me recuerda que lo único por lo que tengo que preocuparme hoy es de ponerme mi camiseta de Sailor Moon para pasar el día en la FreakCon, gastando en chorradas varias que nos hacen feliz. Si no sabemos para qué estamos aquí ni cómo vamos a llegar al final, habrá que disfrutar mientras tanto.
Un poquito más sobre O’Faolain:
Nuala O’Faolain reflects on fleeting fame, aging and Irish history — and writing about it all (en inglés)
Nuala O’Faolain, escritora feminista irlandesa (en El País, para suscriptores - también en Heroinas.net)
Nuala O’Faolain: mi amiga poderosa, idiosincrásica y tosca (en inglés) - The Irish Times
Finaliza una extraordinaria odisea para la mejor escritora irlandesa (en inglés) - The Guardian
Quizás de aquí salga una serie sobre las interesantes autoras que de vez en cuando leo… Feliz semana.



